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Mostrando entradas de septiembre, 2009

La Venganza

Es igual a una sombra que lo oscurece todo. Si nuestra alma es luz, poco a poco pierde su esencia y se convierte en otra cosa, poseída por ese espíritu tenebroso, arrastrándonos lentamente hacia las tinieblas y el fuego. Somos presas, es verdad, pero a veces nosotros mismos la buscamos, sedientos, cual hombre que vaga perdido en el desierto en busca de un sorbo de agua para poder sobrevivir, para despertar al día siguiente.
Probable es que seres más desarrollados no posean este tipo de sentimiento que ciega, incluso, las mentas brillantes de nuestra especie. Nos vuelve animales, con la necesidad de satisfacer un deseo bárbaro: la venganza. La posibilidad de escapar es casi nula, porque nuestras limitaciones son casi infinitas, pero si lo meditamos comprenderemos que después de la tormenta suele salir el Sol.

Letras al Silencio

La quietud es un estado fenomenal, donde cosas maravillosas pueden suceder. Todo es calma y paz, no hay nada en este lugar que pueda perturbar los sentidos. Quizá, en el fondo sea muy solitario, pero es absolutamente majestuoso y en él está la Verdad.
Sospecho, como tantos otros, que en el inicio todo era así, el estado original, cuando todos éramos uno y uno era nada. Pero en ese momento aparecen, lentamente al principio, rápidamente después, los problemas. Misteriosamente siempre saben dónde estamos. El efecto se pierde y aquello que era hermoso se vuelve horrible, porque ahora estamos solos con nosotros mismos.
Si hemos de temer, por nuestra penosa naturaleza, a lo que no conocemos, el por qué le tememos a enfrentarnos con nosotros mismo me incomoda. Será acaso que sabemos, en lo profundo de nuestro ser, que durante nuestra vida no solo buscamos conocer a los demás sino también a nosotros mismos. Entonces el bello Silencio, se vuelve aborrecible, despreciable porque nos revela que e…

La Puerta

Nuevamente me enfrento a la maciza puerta de roble. Es enorme, hermosa y muy decorada. Posee dos hojas y sus herrajes son de oro. La primera vez que la atravesé, me vi envuelto en miles de problemas y termine aun peor de como había entrado, si eso era posible. Ahora, que creía haber visto la luz, lo que algunos llaman felicidad, me encuentro otra vez frente a mi verdugo de madera. La miro distante, está cerrada, pero no se por cuanto. Puedo evitarla, sí, pero no sería yo, sería una copia cobarde de mi, un clon débil.
Los dos caminos que están detrás son terribles, para mí por lo menos, me llevan a la destrucción, no física, pero eso no es bueno. La destrucción física es más fácil de tolerar, de soportar, de aguantar. Los otros tipos, son intolerables, insoportables, inaguantables. El cómo vuelvo al mismo dilema, aunque creo que es la primera vez que me lo planteo, es bastante sencillo de explicar. Al igual que el resto de los hombres, soy tonto. Sí, tonto, como vos, como él, como aquel…