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Mostrando entradas de mayo, 2011

Diáfanas metáforas

Es muy probable, que entre verso y verso, se filtre algún deseo, algún sueño.
También se escapa uno que otro nombre, pero antes de publicar los transmuto.
Aunque me es imposible no soltar alguna referencia indirecta para que todo tenga un sentido secreto.
Entonces aparece la mención a alguna melodía clásica.
O la lluvia y sus melancolías.
O los ojos del siberiano, que perforan las almas.
O las ratas que abandonan el barco, esas amistades que nos cambian.
O la niña que prometió el cielo.
O la modelo, esa estatua, sin nombre ni voz.
O en una anónima del colectivo.
O en las hadas, esas emperatrices de un sol frío, casi helado.
O la luna, que mira siempre desde lejos y niega con su rostro.
Y con el paso del tiempo se irán agregando nuevos ideales, nuevas flores en el jardín.
Mas, es sabido que las rosas no pueden durar mucho tiempo.

Breves, antes de salir a combatir

Hay muchas dudas que nos llevan a estar lejos de quienes queremos cerca.
También es parte del juego, de no dar y esperar, de especular, de desear, de añorar.
Lo cierto es que muchas veces, bajo la luna, hay personas que encuentran lo que buscan y otras tantas que no.
Luego llegaran las grandes victorias o las terribles derrotas y el primer momento será sólo un vago recuerdo que quizá no existió.
Seríamos más felices disfrutando las pequeñas conquistas, pero no es parte de nuestra naturaleza.

Cielo encapotado

La luna nos observa seguramente detrás de las nubes que cubren casi todo el cielo y amenazan a la distancia con el diluvio.
Pero no llegará, la promesa sigue en pie y el fin aún parece lejano.
Entonces nos quedan sólo esos pequeños finales, los que destruyen mundos internos, que transforman las esencias, los eternos abismos del ser humano.
Las puertas se nos cierran y son una negativa que pesa sobre todo.
¿Y por qué medito sobre esto? Porque al mirar el firmamento no te encontré luna.

Sin puentes

Para Mari, en su cumpleaños
Te noto tan distinta, tan cambiada, tan marcada por el paso de los días y del tiempo, por mi ausencia en tu vida,
te noto tan distinta que ya no sé si te conozco.
Mañana quizá nos crucemos y tu rostro se llenará de sorpresa al ver que mis ojos no te reconocen.
Hace mucho tiempo éramos casi uno solo y el sol brillaba más allá del horizonte.
Hoy, cuando el abismo mira en mí no es capaz de identificarte entre mis memorias.
Pienso que sólo guardo de ti unos versos que te definen como una muchacha dulce y tierna que vivió una fantasía.
Es posible que tú me veas distinto, distante, cambiado por el paso del tiempo y por tu ausencia en mi vida.
Supongo que esa es la muralla después de las rupturas o al descubrir que el amor es un imposible, un supuesto imaginario. 
Y sin embargo, algunas tardes de primavera,
mientras miro los jazmines,
suspiro y te recuerdo.

Observación a Borges

Decía el viejo Borges que nuestro es lo que hemos perdimos.
Pero algo nos ocultaba, el juguetón maestro, lo que se ha ido esconde más y más con el tiempo sus secretos.
De a poco se olvidan los detalles de unos labios, los colores de los ojos, las palabras de las cartas.
Es el olvido el verdadero prodigio de la memoria, que nos exime de detalles dañinos. Es la transfiguración de los errores y fallas del pasado la tenue panacea que se nos otorga.
Es cierto que pueden ser meros consuelos de alguien sin nada, pero muchas veces sería imposible dormir si esas pequeñas cosas no nos abandonan.
No hablo de la muerte, que es una sombra eterna en nuestras mentes.
Hablo de ese beso de invierno, que sofocó el frío y la resistencia.
Hablo de esos amigos que nos cambiaron por el bando enemigo.
Hablo de esa línea que quizá te justifique y que decidiste no escribir.
Nuestro es lo que perdimos, pero nuestros son los olvidos, aquellos que nos dan libertad de poder encontrar nuevas cosas para perder.

Preguntas desilusionadas

Hoy te vi mientras bajabas del colectivo. Yo estaba escondido entre las revistas y pase inadvertido.
Estabas, me es inevitable decirlo, distinta, muy diferente.
Al regresar a mi casa, busqué fotos de nuestros momentos felices y también note la diferencia.
La curiosidad me corroía, así que busqué fotos anteriores al génesis de nuestro amor y vislumbré la misma mirada de la chica que no me miraba.
Guardaré esta duda para siempre: ¿Fui un oasis en tu desierto? O ¿Fui el desierto en tu oasis?

Barco

Me gusta creer que la vida es como un barco, en el que a veces somos capitanes y mayoritariamente somos marineros, o polizones.
Durante los días tranquilos, con una suave briza de cola, se puede apreciar el sol en el horizonte y uno puede llegar a creer que es feliz, o ser feliz.
Y todo se resuelve a eso, el tierno discurrir del tiempo a través de los dedos.
Pero muy pocas veces las cosas son tan fáciles.
La bruma suele cubrir el mar, que es demasiado inestable como para tolerar la felicidad ajena.
Entonces llega la tormenta, que nunca avisa. La zozobra es implacable y la amenaza del hundimiento vive presente.
Las ratas abandonan primero, luego aquellos que sólo acompañan en las primaveras o los veranos. Buscarán nuevas naves, nuevos mundos, nuevos puertos sin problemas.
Pocos acompañarán hasta casi el final, hasta que la fuerza los separe.
En la última tormenta, seremos el capitán, por descarte. Nos encerraremos en la sala del timón para unirnos al barco en su lecho final.

4 de mayo

Para Anto

Se planteo como una cosa común, la vida o la muerte, elegir un camino corto para llegar a destino.
Pero de la decisión dependía un corazón que esperaba un cambio.
Ella propuso un juego oscuro, muy de nuestros tiempos. Un amor sin sentimientos.
Él confiaba en sus deseos, que al fin de cuentas era lo único que creía tener.
Ni él ni ella querían volver a sufrir las historias comunes, de todos los días.
El amor destruye montañas, lo supieron mucho después.