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Mostrando entradas de junio, 2011

El otro Ulises

De nuevo en estos puertos tristes, se prepara otra Odisea, de años perdidos en alta mar y costas cada vez más lejanas.
Es este muelle nuestro fiel destino, de melancolías y sombras augustas, de algún lugar olvidado que reaparece, de un beso que no fue.
Es esa espera la que te lleva a reflexionar antes de subirte a la embarcación.
Tantos días de sol que has olvidado, ahora que sólo hay tormentas, las charlas eternas con alguna compañera de carretera.
Esas amistades que quedaron a un lado del camino y no pudiste o no quisiste, volver a recoger.
Es cierto, la inmortalidad te espera lejos de casa, pero entiendo tu dudar al pensar en las catedrales y los templos que quedarán atrás.

Refrán

A rey muerto otro rey puesto, reza el dicho tan coqueto.
Ah,pero hace tiempo que los reyes no mueren de viejos, si es que mueren.
Se ha pasado de moda eso de un solo rey por vida, rápidamente son derrocados y reemplazados sin ningún tipo de piedad, ni la de la muerte.
El respectivo trono nunca se enfría, pero los calabozos oscuros se llenan de ex esposos del poder.
Y esos despojados por las nuevas dictaduras o democracias, no olvidar que es una metáfora, vagan por el resto de sus vidas entre prisiones, exilios y asilos.
El pueblo nunca recordará que esos hombres fueron amados en algún momento y lugar.
Se perderá para siempre que siguen siendo iguales que de príncipes, una verdad que nadie quiere que se sepa, que es mejor callar.
Pero espero, sin esperanzas, que en una sala oscura, una vez al menos, la reina se siente sola y llore la perdida.

Las otras versiones

Hay una historia oficial, esa floreada que cuentan los que ganan.
También está la otra historia, que ahora está de moda, la versión paralela de los derrotados.
El mundo se queda con esos romanticismos, del bueno y el malo, del blanco y el negro,
pero nosotros, los grises, no entramos en las calificaciones de ángeles y demonios.
Los exiliados del podio, que no llegamos a cuartos o quintos puestos, nos perdemos con el tiempo y nos evaporamos de los recuerdos de los observadores.
En algún lugar existe un reino, cuyo trono es ocupado por un rey que a su lado tiene una reina. Esa reina desechó a otro rey y allí muere el relato.
Pero también estuvo el viejo amor infantil y los demás nobles que nos acercamos a la princesa para ser olvidados sin mayores penas.
Es cierto, a lo sumo son las dos historias las que importan, ganador y perdedor,
pero nada evita que hoy a mí me duelan las alternativas, las que nunca estuvieron cerca de ser escritas.

Elegirte esta vez

Hace seis meses nos miramos a los ojos por última vez y nos despedimos.
En esos treinta centímetros de distancia flotaban posibles dispares, ideas perpendiculares y una línea, una tentación que no cruzamos.
La vida siguió, es lo que mejor sabe hacer. Como el agua del río, la piedra que rueda por la ladera,
y tantas otras metáforas que se pueden utilizar para decir que el tiempo transcurrió sin preguntarnos.
Mañana me espera la oportunidad de volver a encontrarte y no hay mundo posible que me disuada de hacerlo.

Lo que pasamos

Dice un viejo proverbio chino, que si es necesario pararse en el camino, hay que mirar siempre hacía el destino, lo que falta recorrer.
Pero es posible que una que otra vez volteemos la cabeza y de reojo miremos ese trayecto superado.
Es parte de nuestra naturaleza, como bien sabe el escorpión, a veces hay que mirar atrás, por más que no queramos.
Entonces recordamos experiencias, las revivimos o visitamos los lugares donde las cometimos, porque es un crimen la nostalgia.
Sin embargo, nos sirve para reanimar nuestra memoria, volver a ser lo que ya no somos y que forma parte de nosotros.
Una vez hecho esto, es una obligación volver a andar. Mejor que pedir un camino corto es desear un par de piernas fuertes.

En el aniversario

La verdad es que pensé que ciertas cosas no importaban, que siempre estarías para mí.
Pero me equivoque, por lo visto bastante feo, y hace tiempo que no te veo por aquí.
Antes se confirmaba esa antigua norma hermética lo de arriba era igual a lo de abajo, pues tú eras mi estrella fugaz.
Aunque sabía que no cumplías, algún deseo te pedía y veía como lo aborrecías, pero no importaba.
Y un día te fuiste de mi cielo, dejando un vacío que no se volvió a ocupar.
Ahora, después de un año, golpeas mi puerta y me pides que te deje pasar.
No te deseo nada malo, pero aceptarte de nuevo sería volver a fracasar.
Tu vida se dirige hacia aquel destino, perdón pero he doblado en la última curva. ¿No me viste pasar?
Es cierto, he perdido un poco de cordialidad, la he derrochado en épocas pasadas y no guarde nada para este momento.
Fui poco previsor, pero me sorprendiste. Me esperan a cenar, buena suerte y espero no verte más.

Confesiones al atardecer

Quizá no dures por siempre, pero hoy quiero creer en la eternidad de tu esencia.
Contigo no hay derrotas, pues las batallas no tienen importancia. Tú eres esa utópica victoria, panacea para mis males.
Puedo decir que mi vida no comenzó cuando nací sino la primera vez que tus labios me encontraron.
Ojalá nunca tenga que marcharme con mis quimeras a mis cuarteles de invierno y así dejarte, aunque sea un instante.
Pero sabes que es cierto que ya no podría, tuya es hace mucho una parte mía.

El efecto de las rosas

Lo lamentable de la belleza es que sólo dura un instante.  Es lo que a los mauristas les gusta denominar el efecto de las rosas.
Una rosa sólo será La Rosa durante un instante eterno.
Todas ellas quieren, mas una lo logrará por un minuto o dos antes de comenzar a marchitarse.
Con las personas es lo mismo, por algo somos mortales. Es nuestro premio y nuestro castigo esencial.
Hasta qué punto se crece y desde cuándo se envejece es algo que nadie puede saber con certeza.
El mundo se apaga un poco más cada vez que esto sucede, los que pueden testificar aseguran haber conocido el paraíso.
Es nuestro cruel destino, se nos da sólo para entender nuestra miseria al perderlo.
Nuestro castigo al esperar volver al lugar del que nos echaron.
Pero qué hermosas blasfemias viven en algunas de mis flores, que se creen dioses por un pestañeo.

El final de la aventura

De un libro de guerra partió una última duda. El mago miró al Caballero, que esperaba montado el amanecer.
No fue el sueño de una sola noche, la derrota esperaba ansiosa la bandera de su victoria, ese sol naciente.
No quedaban consejos, no quedaban bebidas, las lanzas estaban astilladas y la magia acabada.
Es un lindo día para morir, murmuraron al unísono. Todavía podían escapar, pero esa palabra siempre estuvo prohibida.

Pequeña Crítica

Una pequeña critica a la fantasía, que suelo hacer, es su inevitable falta de realismo.
Parece contradictorio, es cierto, pero esas utopías tienen tan alto grado de esperanza en algo imposible que están obligadas a fracasar, inevitablemente.
También están los problemas de todos los días, la absurda monotonía de vivir encerrados en un bucle de reiteraciones.
Es entonces cuando, al acostarme, doy gracias que nadie escuche mi pequeña crítica y me dedico a soñar.

Rara epifanía

Me sorprendió mucho encontrarte en otra persona. Pero lo que más me dolió fue entender, sin verte, que todavía te quería.
No hablo, claro está, de un caso particular o de una sola persona, ese es el verdadero problema.
Porque cada momento de mi vida evoca un recuerdo efímero de otras épocas y son esas sombras las que me ubican en un lejano limbo de sentimientos.
Es cuando aparece un gesto, una fragancia, una rosa, que la máquina del tiempo me lleva a un lugar hace mucho visitado.
Quién lo diría, uno puede enamorarse para siempre, muchas veces.

Mientras imagino

Nada dura eternamente, con el tiempo todo se terminará. Es algo que necesariamente hay que aceptar.
Pero hay un lugar donde somos dioses todopoderosos, dentro de nuestra imaginación.
Allí todo lo que no elegimos es posible, cada uno de esos caminos que no tomamos.
Entonces aparece todo aquello que no fuimos frente a nosotros.
Esos caminos que no tomamos, y pudimos tomar.
Esas tardes que dormimos, en las cuales debimos actuar.
Ese libro que no leímos, porque nos daba pereza.
El poema que no escribimos y la canción que no cantamos.
Aparece ese beso que no robamos.
También, como una quimera, dentro de nuestro sueño aparece ese otro sueño que no soñamos y que quizá nos defina.
Todas son acciones que no existieron y no perdimos, pero igual duele pensarlas.

Flor griega

Dulce muchacha que escuchas música y posas de espalda. Tanto me gustaría conocerte.
Hay quienes dicen que hasta que no se elige todo es posible,
pero es un sacrilegio acercarme y el paso del tiempo transforma tu imagen en utopía.
Una sola sonrisa, una mirada incitante, una palabra de cortesía, mataría por esos dones.
Pero no me atrevo y tú nunca te das vuelta.